EL AVANCE Y LA CIENCIA INSEPARABLES A LA DEFENSA DE LA VIDA

Independiente de la creencia en una determinada fe o credo político, los conocimientos de la ciencia y la biología nos avalan, y la vida humana está presente con un potencial biológico y genético desde el mismo instante en que a la célula femenina u óvulo ha llegado toda la información contenida en el espermatozoide, es decir, en el momento de la fecundación. Aunque no existe una reproducción de la materia sí de la forma impresa en esa materia que se halla en el código genético.

El estudio de los cromosomas nos lleva a descifrar el gen de cada individuo, de cada ser humano único y que nadie, absolutamente nada ni nadie podrá reemplazar porque es irrepetible. El hecho de que cada persona es única es comprobable en el caso de los gemelos, nacidos de un mismo óvulo fecundado, con idéntico patrimonio genético, que representan no obstante individuos aislados que recibirán nombres determinados, y que a lo largo de su existencia serán acumuladores de su propia historia.

La ciencia dice no hay DISCAPACIDAD SINO DIVERSIDAD DE CAPACIDADES. Es alarmante la gráfica de nacimientos vaya en declive de forma proporcionalmente inversa al número de muertes y en esto existe gran culpabilidad en un modelo de sociedad que no avanza sino retrocede, que olvida los cimientos originarios y alaba lo antinatura. Debería estar en lo mas alto el culto y la cultura de la vida, la esencia y el respeto al primer derecho fundamental e inherente al ser humano: la VIDA con mayúsculas.

De la vida se crea vida, de la muerte no se vuelve a la vida. La célula fusión de un óvulo y un espermatozoide, experimentará sucesivas y múltiples organizaciones hasta su completo desarrollo y se hospedará en la cavidad uterina materna y en su primera semana de vida ya como embrión y con un tamaño de milímetro y medio ya goza de individualidad, a través de un mensaje químico impulsa la función del cuerpo amarillo del ovario y automáticamente el ciclo menstrual se detiene.

Con dos semanas y cuatro milímetros y medio se observa un esbozo de su cerebro, su cabeza y ambas extremidades y con un corazón latiendo. A los dos meses y con un tamaño de tres centímetros desde la cabeza a las nalgas, pudiendo caber plegado en una cáscara de nuez con su cerebro, cabeza, órganos, manitas y piececitos perfectamente visibles ya solo le resta desarrollarse. Sus glándulas genitales ya han evolucionado como testículo u ovario, lo que nos permitirá descifrar su sexo.

Y algo espectacular: el cerebro ya demuestra su actividad a los dos meses, al ver el movimiento de huida de brazos, cuerpo y cabeza cuando un cabello roza su labio superior y si este roce se da a los tres meses gira la cabeza, cierra los puños, aprieta los labios y hasta sonríe. A los 4 meses la madre ya percibe los movimientos y volteretas y a partir de los 5 meses ya succiona el dedo esperando con ansia ver la luz. Aunque un parto normal suele tener lugar al noveno mes de embarazo, gran número de bebés prematuros nacidos en el quinto mes de gestación no han tenido obstáculos en su posterior desarrollo.

Todos hemos sido un día el enanito de las leyendas infantiles cuando nos hallábamos al abrigo del vientre materno. Sin embargo un individuo se constituye, se forma durante toda una vida y aquí cobra trascendencia no solo lo genético, la influencia ambiental que ayuda en la maduración del ser físico, psíquico, en su totalidad, y si la palabra discapacidad fue creada socialmente cabe eliminarla socialmente y educacionalmente y cambiar el esquema de una sociedad hedonista, sin ideales. Lo que conlleva un vacío en el alma y sustituirlo por valores, respeto. Jóvenes apáticos, todo da igual, no existe lo bueno ni lo malo, no hay proyecto de vida. Atrevimiento para enfrentarse al otro, pero a su vez cobardía en su existencia y compañeros inseparables el alcohol y las drogas.

Este relativismo respecto a cualquier acto vital, esta pseudotrivialidad, es un mecanismo de defensa freudiano para evitar la asunción y compromiso de responsabilidades, fruto de una nula educación. Este culto a la muerte no puede estar justificado porque la ley lo permita. Se puede paliar el dolor sin acortar la vida. Un asmático sin su inhalador se quiere morir, pero una vez lo tiene ya ama la vida.

Recuerdo mi mejor amigo, nadie apostaba por él. Después de 15 años en coma ha vuelto a nacer y es feliz. Antes se aspiraba a vivir más de 100 años, investigando de las causas de la vejez. Pero ahora se preconiza certificar, firmar tu muerte, sabiendo que cualquier circunstancia por terrible que sea puede cambiar en un instante. Por eso siempre culto a la ciencia y culto a la vida.

María Pilar Enjamio, Psicólogo